Niebla densa en la carretera

La siguiente historia de terror ocurrió en una carretera cerca de valencia, se han reportado casos como éste en otras ciudades:

Cerca de valencia, en Paiporta existe una carretera donde ocurren fenómenos extraños. Y en menos de 6 meses más de 10 personas han muerto ahí, sin tener aún clara la razón de su muerte.

Martín, un hombre conocido y respetado de la zona, vive en un chalet situado en ésta carretera, por lo que la conoce a la perfección. Un día, de al salir de trabajo y dirigirse a su casa, en el camino apareció de la nada una niebla muy espesa, algo muy raro y que nunca había visto ahí. De repente Martín frenó bruscamente porque se encontró frente a un cruce, un camino que en el día nunca había estado y jamás había visto en los 10 años que tenía viviendo ahí.

Tomó uno de los caminos, el que se le hizo más familiar y continuó su trayecto, al día siguiente regresó por el mismo camino, pero ahora en dirección al trabajo, al pasar por el punto donde estaba el cruce, vió que el camino no existía, le dió un escalofrío tremendo cuando lo único que vió fue que había un barranco de más de 50 mts de altura.

Al llegar al trabajo y contar lo sucedido todos comenzaron a reír excepto uno, palideció al instante y dijo que ya había escuchado hablar de lo que ocurría en esa carretera, la niebla densa y un nuevo camino aparecen de la nada.

Más de 10 personas han muerto porque se han caído en ese barranco y en otras ciudades hay personas que aseguran que les ha pasado lo mismo, se muestra una niebla muy densa y te encuentras con un cruce, donde deberás elegir un camino, el que te llevará a casa o hará que pierdas la vida.

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Fantasma en el sótano de la escuela

Esta historia de terror ocurrió en el sótano de una escuela de preparatoria:

Estaba en la preparatoria, esa etapa donde la mayoría hacemos una que otra locura, cuatro amigos y yo decidimos ir en la noche a la escuela, ya que había rumores de que espantaban por las noches.

Esa noche llegamos rápido y nos logramos meter por una de las ventanas de un salón, anduvimos por los pasillos oscuros pero no veíamos ni escuchábamos nada, en ese momento Pedro dijo que había que ir al sótano, bajamos y comenzamos a recorrerlo, Pedro iba adelante porque ya había estado ahí en el día, realmente no había nada de luz y comenzamos a sentir escalofríos, como si la temperatura bajara poco a poco mientras más nos adentrábamos.

Cuando vimos un poco de luz tuvimos que correr porque parecía que estaban los vigilantes cerca, llegamos a unas rejillas que daban a la calle y asustamos a unas 3 personas que pasaron, luego Pedro se echó a correr para dejarnos solos y asustarnos, así que comenzamos todos a correr detrás de él.

De la nada apareció un señor de tal vez 1.90m de estatura enfrente de Pedro, todos nos detuvimos, no se veía muy bien su rostro pero sus manos se veían blancas y portaba un traje tipo mameluco de color naranja, nos dijo que tuviéramos cuidado y señaló hacia una tapa en el suelo, nos dijo que ahí había un agujero y que podíamos caer, que una vez había pasado y nunca pudieron encontrar el cuerpo, Pedro le dió la mano y le dijo que gracias y nos echamos a correr.

En el camino Pedro dijo que su mano estaba helada, el ambiente era frío pero su mano era como si hubiera agarrado un hielo. Al día siguiente buscamos al señor que vimos en el sótano, preguntamos a los intendentes y nos dijeron que cómo sabíamos de él, le contamos lo que paso, puesto que era nuestro amigo y no nos delataría.

Para nuestra sorpresa, nos dijo que sí se había caído una persona y efectivamente nunca la encontraron, que era de tez blanca y llevaba puesto un mameluco naranja, medía 1.90 y nadie se explica cómo cayó. Nunca regresamos a ese sótano, ni de día ni por la noche.

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Jugando en casa con una ouija casera

La siguiente historia de terror ocurrió en una casa común y corriente:

La familia de Daniela se hizo amiga de una familia numerosa, en especial de dos hermanos: Lisset y Miguel.

Lisset era de la edad de la hermana mayor y Miguel salía aquel verano con Daniela. Aquel verano era el verano en que la prima Mercy y el amigo de la familia estaban pasando un mes, y en esta ocasión no había padres que vigilaran los actos de sus hijos.

Allí estaban Daniela y su hermana mayor (Silvia), la prima Mercy y el amigo de la familia (Jesús) junto con los hermanos Lisset y Miguel.

Decidieron jugar a la ouija y al no tener un tablero, Daniela se ofreció a hacer las letras recortando trozos de las tapas de sus libretas y escribiendo las letras con un rotulador.

Se pusieron alrededor de la mesa redonda no sin antes rociarla con unas gotas de aceite para que el vaso se deslizara sin que apenas los dedos pudieran tocarlo. Todo estaba previsto para poner las cosas muy fáciles al espíritu que viniera.

Comenzaron riéndose y bromeando. Entonces Silvia se puso seria y dijo que ya estaba bien que se debían concentrar para atraer un espíritu. Todos le hicieron caso y quedaron en silencio, ya nadie se rió cuando dijo “espíritu, si estás ahí, danos una muestra”.

A los cinco minutos Miguel comenzó a golpear el vaso con su dedo. Estaba totalmente perdido con su mirada fija en el vaso, lo golpeaba una y otra vez, levantaba el dedo, lo dejaba caer y así repetidas ocasiones.

Daniela tenía a Miguel al lado, le pasó la mano por los ojos y Miguel respondió bajando los párpados para no abrirlos. En el mismo momento en que cerró los ojos, su dedó tocó por última vez el vaso y se desmayó sobre la mesa.

Como pudieron pasaron su pesado cuerpo al sofá y lo dejaron allí preguntándose qué le ocurría. Entonces se dieron cuenta de dos detalles: en sus ojos cerrados se deslizaban lágrimas y por otro lado, de su boca entreabierta se empezaba a escuchar una risa, una malvada risa femenina que parecía propia de una bruja.

Se asustaron muchísimo y Silvia le pidió ayuda a Mercy:
-Tú tienes poderes Mercy, haz que despierte, haz algo por favor.

Mercy respiró hondo y salió al balcón para concentrarse en soledad. Era verdad, tenía ciertos poderes, no en vano decían que su propia madre era una bruja.

Mientras, Lisset miraba nerviosa a su hermano, Jesús y Silvia se miraban y se preguntaban qué era esa risa que salía de su boca, Daniela, desde los pies de Miguel, miraba hacia el balcón rezando para que Mercy pudiera sacarlo del trance.

Mercy entró de nuevo y se dirigió hacia Miguel que seguía tendido en el sofá. Le cogió la mano, y con voz grave le dijo:
- Miguel despiértate.

Fue una orden. Y en un minuto los ojos de Miguel estuvieron luchando por abrirse. Cuando al final lo hizo se sentía mareado y extraño. Antes de contarle lo que había pasado, Daniela le preguntó qué había sentido:
- Tenía frío y calor, todo se puso negro y no recuerdo nada más.

Mientras trataban de tranquilizar a Miguel, Daniela se dedicó a desmantelar la mesa. Todas las letras irían a la basura, pero algo llamó su atención. Una letra había salido perjudicada con el aceite, estaba manchada. Daniela la levantó, era la letra “L”. Con estupor comprobó que el aceite había formado lo que desde nuestra infancia consideramos un fantasma, ese que hasta te puedes comer en helado o que aparecen en los dibujos infantiles. El fantasma tenía una especie de boca hacia abajo. Al darle la vuelta a la letra comprobó algo más: por detrás, la boca sonreía. Miguel había llorado y había reído, aunque no lo recordara. Las letras mostraban ambos estados de ánimo.

Curiosamente Daniela no se percató de la relación entre estos dos detalles hasta que una amiga, lo relacionó y se lo dijo. Daniela cayó en la cuenta y desde entonces la historia le da más terror.

Eso no fue lo más aterrador de la historia, dicen que al terminar una sesión hay que romper el vaso para que el espíritu se marche de la habitación donde se ha hecho la ouija. Ellos tiraron el vaso de cristal desde el tercer piso… y no se rompió.

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Una noche solo en casa de mis padres

Esta historia de terror nos la mandaron por correo y sucedió así:

Aún vivía con mis padres pues acababa de entrar a la universidad, una de tantas noches en las que me quedaba solo, comenzaron una variedad de fenómenos extraños.

Era ya la media noche y estaba sentado viendo la televisión en el sofá de la sala, un programa muy aburrido donde anuncian artículos que hacen mil maravillas para que uno los compre. En ese momento se me ocurrió decir en voz alta: “Qué aburrido, cambiaré a Canal Sur mejor”

Antes de que hubiera tomado el control remoto de la televisión, ésta se cambió de canal de la nada justamente al que yo había nombrado. Como es lógico, los pelos se me pusieron de punta o piel de gallina como le llaman muchos.

En ese momento me levante con miedo porque sentí como si alguien me estuviera observando, al voltear al pasillo que da a la cocina vi cómo se prendió la luz, con un poco de valor fui hacia allá a apagarla y poco antes de llegar pude ver cómo 2 libros se caían de la estantería, como si alguien los hubiera empujado, era imposible que cayeran porque estaban sujetos por los libros que estaban a los lados.

Rápidamente tomé las llaves de la casa y salí corriendo a casa de mis tíos, no iba a dormir solo esa noche en la casa.

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Calles embrujadas en México

Si bien sabemos que pueden existir casas embrujadas y edificios embrujados, también hay calles embrujadas, las siguientes calles son de la ciudad de México

1. Calle de Ailes y Callejón del Diablo
Ubicación: Zona de Rincón Colonial de Calacoaya
Los vecinos y personas que han caminado por ahí dicen que aparece una mujer en las noches y varios han chocado al verla.

2. La Calle de Cañitas
Ubicación: Colonia Popotla, a espaldas del Metro Popotla entrando por el Parque.
La famosa casa del libro de Cañitas, habitada por fantasmas, se encuentra aquí.

3. El Callejón del Aguacate
Ubicación: Coyoacán
Los vecinos y gente que pasa por ahí dicen que se aparece el diablo y los espíritus de las víctimas de sus engaños, también en los azulejos que se encuentran hay unas imágenes de la virgen de Guadalupe donde algunos han visto que les salen cuernos.

4. Estación del Metro. Entre las calles Zócalo y Allende
Ubicación: México D.F.
Hace años ocurrió un accidente en el metro, la gente que lo toma de noche dice que se puede ver a una indígena llorando en medio de las vías del metro.

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